Días de lluvia, días de aves

Allá por 2012, cuando empezamos a ofrecer a los centros escolares nuestras actividades con la apertura de aulas en los parques, una de las reacciones era: “Nos parece una propuesta ideal para la primavera, porque en invierno con temperaturas bajas y lluvias se verán menos aves y los escolares se mojan y pasan frío”. Catorce cursos después tenemos la agenda repleta de salidas por estas fechas. Cierto, este invierno, en especial en enero, hemos tenido que suspender algunas de ellas, pero poquitas. Y ninguna entre las que hacemos con personas adultas los fines de semana. El frío –si no congela– y la lluvia –si no jarrea– curten los cuerpos. Y eso lo saben las aves, que también se dejan ver.

Paraguas y abrigos con capucha y para adelante con los escolares del CEIP Juan Gris de Villa de Vallecas

“¿De verdad que seguimos para adelante? Mirad que da mucho frío y va a llover algo” Una profesora de un instituto de Madrid nos llama y escribe porque teme que el pronóstico meteorológico se confirme y acabe chafando nuestro Aver Aves con su grupo. “Aguanta, aguanta”, le decimos: “es posible que varíe ese pronóstico en las próximas horas”. Y varió. Hizo mucho frío –nada que no se sobrelleve con prendas polares y térmicas tan al uso últimamente– y chispeó ligeramente, casi al final de la actividad.

El resultado de lo anterior fue, según palabras de la misma profesora: “Ha sido magnífico. Nadie pensábamos que con el tiempo que se avecinaba pudiéramos llegar a ver tantas especies de aves al lado de nuestro instituto. Casi que esa emoción nos ha hecho olvidar el frío”. Suele ocurrir. Ver pasos de decenas de gaviotas sobre nuestras cabezas –“¿aves marinas en Madrid?”–, contemplar a una abubilla perforando con su pico el suelo de una pradera para capturar su desayuno o disfrutar con las acrobacias de un carbonero garrapinos sobre un álamo deshojado a veces te hacen olvidar hasta las gotas de agua que caen en ese momento.

Uno de los grandes logros de Aver Aves ha sido vencer el sentimiento de sobreprotección que las familias y el profesorado tienen a veces con el alumnado, desde infantil a bachillerato o ciclos formativos. Este mismo invierno, a la salida del centro escolar con peques de primero de primaria de un colegio de Villaverde, no nos quedó más remedio que inmiscuirnos en una conversación de bar que captó una de las monitoras mientras esperaba a ese grupo que salía acompañado de dos profesoras y del otro monitor de Aver Aves.

Y repetimos: paraguas y abrigos con capucha, esta vez con el CEIP Barcelona de Villaverde

“¡Hay que tener valor, con la lluvia que cae –chispeaba ligeramente– y el frío que hace y no se les ocurre otra que sacarlos a ver pájaros!” “¿Pero qué pájaros van a ver, si aquí solo hay palomas?” El día anterior, con un tiempo similar, identificamos trece especies, incluidas gaviota sombría, pito ibérico, lavandera blanca y petirrojo europeo. Fue lo que argumentamos ante la incrédula parroquia del bar, respaldada por la reacción de peques y profes: “nos ha encantado la actividad; no pensábamos que habría tantas aves al lado del cole”.

Sí, al lado del cole y en invierno. Que se lo digan a 5º B del CEIP Los Rosales, también de Villaverde –ya sabéis que mantenemos una relación muy especial con este distrito–, que el 12 de diciembre de 2025 se quedaron a una especie del récord de identificación (28) con un grupo escolar de primaria en la ciudad de Madrid. Ese día nos cayó algo de lluvia, pero sobre todo arreciaron gaviotas, lavanderas, mosquiteros, mitos, herrerillos, estorninos, cormoranes, cigüeñas,  milanos, petirrojos y –¡oh, sorpresa!– el primer pico menor que hemos visto con escolares en la ciudad de Madrid.

A todo el mundo se le olvidó el frío y la lluvia cuando vimos al pico menor con el CEIP Los Rosales de Villaverde

Hay veces que, con el apoyo del profesorado, y también del alumnado, nos reinventamos sobre la marcha. Ha sido el caso de algunas de las últimas actividades realizadas con el IES Pradolongo en estos días de enero. Ante la lluvia persistente que caía, pero con posibilidades de que escampara, decidimos comenzar dentro del aula, explicándoles las cosas maravillosas en torno a las aves que suceden a las puertas del instituto, además de la posibilidad de corregir los impactos negativos que ocasionamos en ellas y sus hábitats urbanos.

Cuando dejó de llover salimos a hacer un corto recorrido entre zonas verdes pegadas a la valla del instituto, incluso dentro del mismo. ¿El resultado? “Profe, ¿cómo es posible que con el día que hace –de hecho tuvimos que regresar antes de tiempo al aula porque volvió la lluvia– haya tantas aves y las podáis identificar tan rápido”. “Y encima las vemos comiendo”. Se referían al banquete que se traían cotorras de Kramer y estorninos negros entre los frutos de las melias o cinamomos. También les llamaron la atención “los piquitos” que se daban una pareja de palomas torcaces. Y encima nos sobrevoló una rapaz: un cernícalo vulgar.

Por todo lo contado, en Aver Aves pensamos que tenemos que perseverar en mostrar la importancia de la biodiversidad urbana y la necesidad de conservarla. Y lo tenemos que hacer en cualquier época del año porque en cualquier época del año suceden cosas –ahora también hay frutos, cortejos, muchas aves invernantes, formación de charcos, aves insectívoras cazando invertebrados imperceptibles para el ojo humano…– que no se deben perder escolares ni personas adultas. Que se lo digan igualmente a quienes disfrutaron en nuestra última HistoriAves de Carabanchel con palomas zuritas, lavandera cascadeña, cigüeñas blancas, colirrojo tizón o gorriones molineros.

 

 

 

 

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