Las aves pían NO A LA TALA

Uno de los parques más frecuentados por Aver Aves, como lugar de ocio y con rutas y actividades con diversos grupos de escolares y personas adultas, es el de Eugenia de Montijo. Es el único del barrio de Vista Alegre, en el distrito madrileño de Carabanchel. Este sábado 30 de mayo hay convocada una acción de protesta por la tala de 188 árboles y el trasplante de 95, vamos, una tala en diferido. Aparte de lo insensato de este arboricidio en plena crisis climática y de biodiversidad y de necesitar más que nunca los servicios y función que aportan estos gigantes vegetales, está el terrible impacto que ocasionará en las 51 especies de aves que tenemos identificadas en esta zona verde.

Este álamo está entre los árboles que pretenden talar en el parque Eugenia de Montijo. Y el pico picapinos protesta por ello

Algunos de los olmos y ailantos en los que se encaraman de vez en cuando los estorninos negros en su ir y venir de las praderas al árbol para buscar comida serán talados. Todos los pinos piñoneros de un pequeño rodal frecuentado por herrerillos comunes, carboneros comunes y carboneros garrapinos serán talados. El álamo en el que hicimos algunas de nuestras primeras y mejores fotografías de pico picapinos será talado. Y así podríamos seguir hasta 188 árboles talados y 95 trasplantados.

Lo de trasplantados es, de facto, una tala en diferido. Primero porque es muy dudoso que algunos o muchos de ellos sobrevivan a las condiciones del arranque, transporte, estancia  en vivero y posterior replantación en las mismas o similares condiciones en las que creció. Y segundo porque, a todos los efectos, desaparece del lugar en el que ahora vive y aporta tantos servicios como el resto: producción de oxígeno, absorción de CO2, filtro de contaminantes, sombra, polinización, retención de agua y, claro, refugio para numerosos animales, aves incluidas.

La tala está originada por el desarrollo urbanístico en los terrenos de la antigua cárcel de Carabanchel. Tras ser derribada en 2008 y quedar desatendidas las demandas vecinales de mantener en parte los restos de esta prisión como testimonio de la represión, los encarcelamientos, las torturas y muertes practicados en su interior por la dictadura de Franco, las demandas se orientaron hacia la petición de construir un hospital y otros equipamientos sociales, centro de la memoria de estas víctima incluido.

Estornino negro entre álamos, olmos y ailantos que también pretenden talar en el parque Eugenia de Montijo

El proyecto de urbanización final planteado desde el Ministerio del Interior, propietario de los terrenos, también incluye la construcción de viviendas. Todo ello significa que se necesitarán viales de acceso, pero, en plena y supuesta concienciación de quienes gobiernan sobre la movilidad sostenible, se supone que deben primar las opciones peatonales, en bicicleta o en transporte público. Nada, a las personas que han diseñado este plan urbanístico les faltó tiempo para trazar nuevas carreteras que destruirán el parque Eugenia de Montijo y que conllevarán la desaparición de los 283 árboles mencionados.

Hace poco hablábamos con una técnica del Ayuntamiento de Madrid experta en jardinería y nos daba datos muy preciosos de uno de los olmos que quieren talar. Tenemos el miedo metido en el cuerpo porque se trata de un frondoso ejemplar en el que recientemente hemos oído al autillo europeo. Por no hablar de la comunidad de gorriones molineros habituales ahora entre una mata de arizónicas y prunos, o ciruelos de jardín, que también aparecen en los planos como ejemplares a talar.

Nos paramos ahora entre los olmos, álamos y pinos piñoneros pegados al huerto urbano Garbanzal Las Montijas. Es posiblemente uno de los puntos calientes más importantes del parque Eugenia de Montijo, ya que las aves aprovechan la actividad polinizadora y de trasiego y producción de semillas presente en el huerto. Hasta 25 especies de aves hemos identificado entre los 18 árboles que pretenden talar. Sí, aquí desaparecen todos los árboles ahora presentes para construir una enorme rotonda de acceso al desarrollo urbanístico.

Y el problema no es solo los que van a talar, sino el estado en el que quedarán –o directamente no quedarán– el resto. En la acción de mañana sábado hablarán también los cipreses del estanque de Las Brujas, el único testimonio vivo y en pie de lo que fue la antigua finca de Eugenia de Montijo; es decir, hablamos de cipreses más que centenarios. ¿Pero en qué situación quedarán si a tres o cuatro metros escasos van a construir una carretera de cuatro carriles también de acceso a lo quieren urbanizar, de donde desaparece el arbolado que ahora acompaña a los cipreses?

El pino piñonero sobre cuya base pasean en busca de alimento estas abubillas también quieren talarlo

En este estanque mora de vez en cuando una pareja de ánades azulones. Además, como único recurso de agua de importancia del parque, bajan a beber, refrescarse y asearse numerosos ejemplares de diversas especies. En invierno, el interior de los cipreses suele servir de dormidero comunal para estorninos negros y gorriones comunes. La contaminación, el polvo, el ruido, las zanjas, el ir y venir de maquinaria, los escombros… harán muy difícil, cuando no imposible, que se mantenga la vida descrita.

Estamos en el único parque del barrio de Vista Alegre, el lugar donde se asienta una vía pecuaria (Vereda de Aluche) y el edificio en pie más antiguo de la ciudad de Madrid (ermita de Santa María la Antigua) y donde, en el subsuelo, se encuentran los restos arqueológicos constatados de varias civilizaciones a desde asentamientos carpetanos y romanos. En lugar de cuidar y poner en valor todo esto, se avecina un horizonte de maquinaria primero y coches después que lo arrasará. Por eso, desde Aver Aves apoyamos las demandas de la plataforma Salvemos Eugenia de Montijo en defensa del parque.

Como suele ocurrir, nos dicen que luego se restaurará todo y que se van a levantar nuevas zonas verdes. Nos quedamos con lo que hay ahora, con lo que necesitamos ahora, con el actual parque, arbolado y zonas arbustivas consolidadas, no con lo que, vendrá (o no) mañana, cuando quizá muchas aves ya hayan decidido dejarnos como vecinas. Por lo tanto, ellas son las primeras que pían: NO A LA TALA.

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