¿Catedral de la Almudena y Palacio Real? No, herrerillos y mosquiteros

Sin quitarle por supuesto el valor histórico y arquitectónico a ambos monumentos madrileños, lo que observan el grupo de personas de la fotografía son los herrerillos y mosquiteros comunes que revolotean entre los arbustos y árboles cercanos. Esta aparente afición sin más, la de observar e identificar aves, aparte de servir para demostrar que en la ciudad hay mucho más que gorriones, palomas y cotorras, vuelve a estar de actualidad por un artículo de la BBC donde se insiste en los claros beneficios para la salud que reporta. Y en Aver Aves nos hinchamos de orgullo por contribuir a que todas las personas que se vienen a nuestras rutas, grandes y peques, tengáis una mejor salud gracias a las aves.

Herrerillos y mosquiteros comunes hacen las delicias de este grupo. Al fondo, el Palacio Real de Madrid.

“Los resultados indican que adquirir esta habilidad (aprender a identificar aves) a una edad temprana podría reportar beneficios que perduran hasta la vejez». Lo afirma, Erik Wing, de la Baycrest Academy for Research and Education de Toronto (Canadá), en el artículo mencionado de la BBC, que recoge uno de los estudios científicos que ya reseñamos en este blog y otros trabajos y proyectos que confirman el efecto saludable de la observación e identificación de aves entre personas de diferentes edades y con diferentes capacidades.

No se nos quitan de la mente las caras de satisfacción de las personas que se han venido los dos fines de semana pasados a nuestras HistoriAves por el Madrid musulmán, el de los orígenes de esta ciudad. Esos rostros los mostraban mientras observaban a los herrerillos y mosquiteros comunes con el Palacio Real de fondo, viendo y oyendo cantar al petirrojo europeo entre la espesura del Campo del Moro o contemplando, en el mismo parque, cómo se solazaba un picogordo común en las ramas soleadas de un cedro.

Foto de un mirlo común posado en un tejo en el Campo del Moro de Madrid. Foto: Belén Picado.

Incluso una especie muy habitual en nuestros parques, el mirlo común, cautivó igualmente las miradas del grupo porque el amarillo de su pico y de su anillo ocular presentaban un contraste bien hermoso con los verdes de las hojas y el rojo de los frutos de un tejo. Casi semejaba un bonito regalo natural dentro de un improvisado árbol de Navidad. ¿Y lo de ver sobrevolar nuestras cabezas una garza real cuando disfrutábamos de un agradable paseo por el Jardín del Príncipe de Anglona? Inenarrable.

Y entre estos paseos quedaba la guinda del pastel del segundo de ellos: ver al animal más veloz del mundo. Hasta tres grupos de personas diferentes se pararon ante el nuestro sorprendidas por lo que podríamos estar viendo mirando hacia lo alto de edificios de viviendas. Algunas de esas personas no pudieron por más que pedirnos por favor si lo podían mirar ellas por los prismáticos. Hasta de la emoción se hicieron fotos con nosotras. Atracción, sorpresa, emoción, agradecimiento…fue lo que provocó el halcón peregrino entre propias y extrañas.

En tiempos como los que corren, esos sentimientos, a los que se pueden unir compañerismo, paz, calma o relajación, suponen un medicamento natural de primer orden. Y nos congratula enormemente que los estudios científicos adviertan de que si esa afición y habilidad se instruye y enseña desde que somos muy pequeños sus efectos saludables perdurarán hasta la vejez. Eso refuerza el valor de nuestras aulas en los parques con centros escolares.

Expectación absoluta de este grupo escolar ante las andanzas de un pico picapinos.

Durante estos primeros días del curso hemos hecho lo posible para que el alumnado de los colegios Félix Rodríguez de la Fuente de Coslada y Miguel Hernández de Getafe (qué nombres más bonitos los de ambos centros) conozca mejor la naturaleza que les rodea y las aves que la pueblan. Y, al igual que hemos hecho antes con más de 18.000 escolares y lo seguiremos haciendo con otros tantos a lo largo de los próximos cursos, no cejaremos en el mismo empeño.

Con independencia de otras sensaciones, la sorpresa es la reacción más evidente que muestran dichos escolares cuando ven que a su alrededor hay mucho más que palomas, gorriones y cotorras. En momentos en que las pantallas, los medios digitales y las redes sociales esparcen tantísima información, sobre todo imágenes que inundan la vista y la memoria con momentos, personas y lugares de lo más dispares y, sí, sorprendentes, que esa sorpresa llegue de la mano de un pico picapinos aporta mucho valor.

El pico picapinos es uno de los pájaros carpinteros más comunes y fáciles de ver en la ciudad, pero la gran mayoría de las personas, peques incluidas, nunca se ha parado a observarlo. Para algunas les suena a algo remoto, cuando no imposible, eso de que esté al dado de tu cole o tu casa, sobre todo si metemos en la ecuación del avistamiento al halcón peregrino. Ver algo vivo, hermoso y desconocido escalando por la acacia o el olmo con los que te topas todos los días, sorprende, entusiasma y requiere de un momento de atención único, pausado y relajante. Eso es SALUD.

 

 

1 Me gusta

¿Quieres compartirlo en Redes Sociales?

Facebook
Twitter
WhatsApp

Recibe las noticias de Aver Aves, apúntate a nuestro boletín