Allá por 2012, cuando empezamos a ofrecer a los centros escolares nuestras actividades con la apertura de aulas en los parques, una de las reacciones era: “Nos parece una propuesta ideal para la primavera, porque en invierno con temperaturas bajas y lluvias se verán menos aves y los escolares se mojan y pasan frío”. Catorce cursos después tenemos la agenda repleta de salidas por estas fechas. Cierto, este invierno, en especial en enero, hemos tenido que suspender algunas de ellas, pero poquitas. Y ninguna entre las que hacemos con personas adultas los fines de semana. El frío –si no congela– y la lluvia –si no jarrea– curten los cuerpos. Y eso lo saben las aves, que también se dejan ver.