La silenciosa muerte de las aves entre el fuego

¿Qué habrá ocurrido con las tórtolas europeas que vimos y oímos hace un mes entre los bosques de Casavieja, en Ávila? ¿Y con las águilas imperiales y los buitres negros que sobrevolaban el pantano de San Juan, en Madrid? A algunos de estos buitres les ha pillado con sus pollos aún en los nidos en colonias como la del valle de Iruelas, en Ávila, arrasado por las llamas. Bueno, y a las tórtolas europeas también les cogió en plena cría. ¿Y los jóvenes volanderos de mirlos, petirrojos, currucas, rabilargos, arrendajos… tan torpecillos aún? En los incendios, ante la prioridad de vidas y enseres humanos, a veces se olvida la muerte silenciosa de la fauna en general, la salvaje en particular y las aves más en concreto.

Los hábitos forestales de la tórtola europea, y en plena nidificación, la convierten en una de las aves más afectadas por los incendios

“Las sierras y montes arrasados por el fuego albergan territorios de reproducción, áreas de alimentación y corredores ecológicos esenciales para la supervivencia y expansión de especies tan emblemáticas y representativas del trabajo de GREFA con la fauna salvaje amenazada como el buitre negro, el águila de Bonelli o perdicera, el águila imperial ibérica y el águila real. Aunque todavía es pronto para evaluar el alcance real de los daños, mucho nos tememos que las consecuencias para estas especies, y en general para toda la fauna y sus hábitats, podrían ser catastróficas”.

Esta párrafo forma parte del comunicado del Grupo de Rehabilitación de la Fauna Autóctona y su Hábitat (GREFA) emitido durante lo peor de los incendios que han asolado bosques, montes y pueblos principalmente de Ávila, Madrid y Castellón En total, la superficie quemada hasta finales de julio (170.000 hectáreas) supera en seis veces la del año pasado durante el mismo período. A esto hay que añadir más de 90.000 personas evacuadas y confinadas y, lo que es peor, doce personas fallecidas.

En el caso de los animales, las pérdidas se cuentan por millones. En un reportaje que publiqué el pasado año en El Asombrario, tras los graves incendios ocurridos en el mes de agosto de 2026, resaltaba los escasos o nulos datos que existen sobre el número de animales muertos cuando las llamas arrasan superficies tan amplias que incluyen espacios naturales de relieve, como ha sido en este caso los valles del Tiétar y de Iruelas en Ávila o los del Alberche y el Cofio en Madrid.

¿Cinco millones? ¿Diez millones? ¿Veinte millones de animales muertos? Uno de los pocos estudios que existen al respecto tiene que ver con los pavorosos incendios (30 millones de hectáreas arrasadas) de Nueva Gales del Sur ocurridos en Australia entre 2019 y 2020. Las cifras saltan a 3.000 millones de de animales vertebrados muertos y 240.000 millones de invertebrados.

Foto de GREFA de un pollo marcado de una pareja de águila de Bonelli o perdicera que ha perdido el nido en el incendio de la Sierra Oeste de Madrid

Cifras aparte, lo que es evidente es que hay aves afectadas, sobre todo en un momento de cría para algunas especies. Volvamos a GREFA: “De momento pueden haberse visto gravemente dañadas poblaciones de buitre negro tan emblemáticas como la del valle de Iruelas, en la provincia de Ávila, así como las de otras zonas abulenses y madrileñas afectadas por el fuego donde también se reproduce esta especie amenazada. La situación puede ser especialmente dramática para los pollos de buitre negro que aún permanecen por estas fechas en los nidos”.

Con que nos fijemos un poco en la aves que nos rodean en parques y jardines en zonas urbanas u otras áreas cercanas a los pueblos, veremos infinidad de jóvenes volanderos e inmaduros a los que les cuesta todavía valerse por sí mismos. De hecho, en muchas ocasiones se observa a madres y padres de urracas, golondrinas, pitos ibéricos y abubillas dar de comer o enseñarles a hacerlo a sus peques. Son ejemplares propicios y más vulnerables a morir por el efecto de las llamas.

También mirando al cielo desde la ciudad de Madrid, o desde otros puntos a los que nos desplazamos como Aver Aves en esta provincia, como Estremera  y Algete, apreciamos que algo no va bien. Vemos menos aves rapaces y cigüeñas de lo normal. El aire, cargado de humo y de cenizas que han llegado hasta el centro de la ciudad de Madrid, no es ahora el mejor medio en el que desenvolverse.

En Aver Aves sabemos cuáles son algunas de las causas de este desolador impacto provocado por los incendios. También somos conscientes de lo complicado de afrontarlo, más aún si no hay intención de llegar a acuerdos y trabajos en común. Por supuesto, huimos de discursos simplistas, negacionistas y cargados de bulos, como que la culpa es de los ecologistas que no dejan limpiar el monte. La emergencia climática cargada de altas temperaturas y sequía, la deficiente gestión de nuestros bosques y el abandono rural son tres de las principales causas a abordar dentro de ese escenario de entendimiento y colaboración.

En fin, malos tiempos para las aves en particular y para la vida en general. Desde Aver Aves queremos despedirnos como lo hace GREFA: “trasladar nuestro reconocimiento y agradecimiento a todos los profesionales que están trabajando sin descanso para controlar estos incendios: los servicios de extinción, los agentes forestales y medioambientales, los cuerpos de seguridad, los equipos de emergencias, la UME (Ministerio de Defensa) y, en general, las administraciones implicadas y todas las personas que, desde distintos ámbitos, están contribuyendo a proteger vidas, bienes y patrimonio natural”.

 

 

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