Moritos y abejarucos, la energía del verano que dura todo el año

Como todos los años, la entrada al blog de agosto se convierte en un repaso a nuestras vivencias pajareras del mes. Es una manera de retomar la nueva temporada con las energías recargadas durante este período, y que estamos deseando emplearlas en pajarear un curso más con miles de estudiantes en nuestras aulas en los parques y con cientos de personas adultas y familias en las HistoriAves, CumpleAves y otras salidas para disfrutar con las aves y su entorno. Moritos, abejarucos, oropéndolas, tórtolas europeas, mosquiteros musicales y golondrinas dáuricas son las responsables de venir con esas fuerzas e ilusiones renovadas.

Abejaruco europeo descansando entre las ramas de un eucalipto al pie del Puente Romano de Mérida

Peñacaballera, en la sierra de Béjar salmantina; los jardines e islas del río Guadiana en la ciudad de Mérida (Badajoz); y las charcas y pozas de las laderas abulenses de la sierra de Gredos son algunos de los lugares donde hemos pajareado durante este mes de agosto. Como veis, predomina el componente rural del paisaje.

Nos encanta contemplar estampas como una corneja negra subida en un caballo o una urraca sobre una cabra, las concentraciones en cables y antenas de decenas de golondrinas dáuricas y comunes y aviones comunes en su preparación del vuelo migratorio de vuelta al sur o las bandadas de gorriones, pinzones y estorninos que agradecen que rastrilles tu parcela y salgan a la luz semillas, granos y pequeños invertebrados que devorar.

Una corneja negra descansa en el lomo de un caballo entre los prados de Peñacaballera, Salamanca

También el lejano ronroneo de una tórtola europea, el melódico silbido de la oropéndola europea o la posición de acecho de un busardo ratonero a punto de lanzarse a por un ratón han marcado especialmente nuestra estancia en Peñacaballera. Se trata de un pequeño pueblo, tranquilo, sin grandes estridencias estivales que alteren la posibilidad de que un papamoscas cerrojillo o un mosquitero musical se acerquen más de lo habitual en pleno paso migratorio.

La ciudad de Mérida ha sido otro punto de referencia importante en este mes de agosto. Contemplar un bando de 53 moritos comunes en una isla pegada al Puente Romano, con la Alcazaba a un costado, ha sido una de las experiencias más gratas del verano. Naturaleza e historia milenaria unidas en un momento muy especial, entre otras cosas porque identificamos 22 especies de aves sin movernos de ese sitio y compartimos la emoción con varias familias que, curiosas, se paraban a preguntar la causa de nuestra admiración.

No están todos en la imagen, pero en total contamos 53 moritos comunes posados en esta isleta junto al Puente Romano de Mérida

Abejarucos europeos y un martín pescador posados en las ramas cercanas a la misma isla pusieron una nota multicolor muy especial a la escena. Poco antes, varios árboles ejerciendo de pajareas en otras islas dentro del río y las praderas del parque de La Isla demostraron que el blanco de garcetas comunes y grandes y de garcillas bueyeras puede ser tan lindo como cualquier otro color. Lo de las confiadísimas garcillas bueyeras en el parque es una escena clásica de la ciudad de Mérida.

Le pusimos la guinda a agosto entre alisedas, charcas y pozas de la Garganta de los Caballeros y la Garganta de Galín Gómez. Ambos cauces recogen las aguas de la sierra de Gredos y se las entregan al río Tormes en tierras abulenses. “Hacía mucho tiempo que no veíamos las aguas de las charcas tan cristalinas. Eso es que las últimas lluvias las han limpiado”, decían los lugareños. Tuvimos suerte de estar para vivirlo, con chapuzones incluidos, disfrutando de la cercanía de las lavanderas cascadeñas.

El pinzón vulgar ha sido un acompañante habitual de los diversos pajareos, especialmente rurales, de este mes de agosto

En la misma zona, aparecieron otras sospechosas habituales de nuestros pajareos naturales y rurales: herrerillo común, trepador azul, tarabilla común, papamoscas cerrojillo, pinzón vulgar, arrendajo euroasiático, carbonero común, agateador europeo, chochín paleártico, pico picapinos…

Lo dicho, es la mejor manera para afrontar el mes de septiembre con ganas y energías. En breve nos esperan varias rutas de HistoriAves por Carabanchel, una nueva participación en BioMadrid con educación ambiental en torno a la renaturalización del río Manzanares y las primeras aulas en los parques que abriremos con colegios e institutos de la Comunidad de Madrid. Y todo ello se afronta mejor con el balance pajarero del verano.

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