No maltratemos los parques urbanos

Gracias a Aver Aves tenemos la oportunidad de visitar, conocer y valorar muchas zonas verdes urbanas y periurbanas de la Comunidad de Madrid, la gran mayoría de su capital. Desde que comenzamos nuestra andadura, en diciembre de 2012, hemos visitado con escolares, familias y grupos de adultos 213 parques y jardines, algunos todos los años. Esto nos ha permitido ver su evolución y, en general, el maltrato a los que los sometemos. Hay algunos, como Madrid Río, que gracias a la renaturalización del cauce del Manzanares presentan un balance positivo. Pero hasta este tiende a ser negativo si al final talan la arboleda del parque de Arganzuela para construir una boca de metro. Desde Aver Aves volvemos a defender con todas nuestras fuerzas la crucial valía ambiental, educativa y social de todas estas zonas verdes. 

Al fondo, el IES Satafi de Getafe. En primer plano, la biodiversidad del parque más cercano

Desde que escribimos la última entrada al blog hemos abierto aulas en zonas verdes y safaris urbanos en los parques Madrid Río, Casa de Campo y Lineal de Palomeras de la ciudad de Madrid; en Los Planetas, Los Rosales y Prado Ovejero de Móstoles; y en el de Andrés García Madrid y Andalucía (también llamado Ciudad de los Niños) de Getafe. En los próximos días abriremos aulas también en otros parques de Valdetorres de Jarama y de Algete y en el Pinar de San José de Carabanchel/Latina, en Madrid, y el parque Lineal Arroyo Butarque de Leganés.

Las zonas verdes urbanas son nuestro ecosistema, donde demostramos la importancia de la biodiversidad más cercana a nuestros centros escolares, viviendas y lugares de trabajo. Son nuestros pulmones verdes, nuestras pequeñas amazonias, que como demuestran numerosos y continuos estudios científicos, y no nos cansamos de escribirlo, representan una fuente de salud fundamental para las personas. Los beneficios terapéuticos de pasear entre la naturaleza en general, y la urbana en particular son innumerables.

Pero hay algo más. Homo sapiens sapiens es una de las dos millones de especies de seres vivos que habitan este planeta, incluso se calcula que pueden llegar a nueve millones. Entre los parterres, descampados, jardines y parques urbanos viven cientos de ellas. La humana es una más. Por eso, aparte de pensar en nuestra salud y bienestar, hay que pensar en la de petirrojos, plátanos de sombra, mariposas, ranas, culebras, adelfas, malvas, sauces, gorriones, saltamontes, amapolas, jaramagos, ánades azulones…

Alumnas y alumnos del IES Los Rosales, de Móstoles, disfrutando de la observación y escucha de un verderón en un parque cercano a su centro escolar, el Prado Ovejero

Pero no pensamos en ello, o al menos no lo suficiente. El parque de San Isidro, situado en un lugar histórico de Carabanchel y de Madrid, entre otras cosas por quedar inmortalizado cuando era pradera de San Isidro en un cuadro de Francisco de Goya, es uno de los lugares habituales donde abrimos esas aulas en los parques. De hecho, va a ser el escenario de un proyecto educativo-cultural-ambiental-social muy ilusionante denominado Pájaros de Calle, que coordina Ecosistema ISO y en el que participamos como Aver Aves. Ya os contaremos más sobre él.

El último ejemplo de maltrato a un parque lo hemos vivido en este tan castizo, al ser uno de los recintos feriales donde se celebran las fiestas de San Isidro. En estos días de plena actividad para la biodiversidad urbana, con plantas y árboles ofreciendo sus flores, frutos y brotes a una gran variedad de invertebrados, y con aves en el cénit de su época de reproducción, con sus crías entre árboles y arbustos, miles de personas llenaron esta zona verde de basuras, orines, excrementos y ruidos. Aparte de la contaminación acústica de atracciones de feria, conciertos y fuegos artificiales.

Es el último episodio de una larga lista de agravios, que también se manifiestan ahora en la siega y desbroce abusivo de praderas y setos, todo con la intención de dejar unos parques “más bonitos” desde el punto de vista de la estética humana, no de la necesidad de la biodiversidad que los habita. “¿Pero no veis que ahora queda así más bonito, sin las malas hierbas?” nos decía una jardinera en el parque de Pradolongo, en Usera, tras segar la vegetación cercana a la ría. “Ya, pero ayer vimos y oímos aquí currucas, mosquiteros y ruiseñores, y hoy no”, le dijimos. “Bueno, pues para eso iros a un bosque”, nos contestó.

Safari urbano con familias por la Casa de Campo, en una de las zonas menos conocidas por las personas que se acercan a esta gran zona verde

No es cuestión de enumerar ahora la larga lista de transformaciones sufridas por zonas verdes por las que llevamos más de diez años realizando rutas, fundamentalmente para observar y oír aves. Solo queremos constatar que, aunque hay cierto cambio en las políticas y directrices municipales para valorar y proteger más las zonas verdes urbanas, queda mucho por hacer. Está muy bien abrir e inaugurar nuevos parques y plantar árboles, pero si no cuidamos a fondo la biodiversidad urbana ya consolidada, la que ahora, ya mismo, realiza funciones vitales en la regulación del clima, el agua y el suelo, será como seguir recogiendo plásticos del mar mientras cada año tiramos al mismo millones de toneladas.

“No sabíamos que este parque se llamaba así ni que hubiera tantas especies de plantas y aves en él”. El parque está justo detrás del instituto Satafi de Getafe, se llama Andrés García Madrid, lleva el nombre de un poeta de esta localidad madrileña y sí, entre plátanos de sombra, adelfas, ciruelos rojos, cotoneaster, cedros, pinos, álamos y algunas plantas ruderales o silvestres, de esas que llaman “malas hierbas”, identificamos en quince minutos once especies de aves distintas.

Esa es nuestra misión, dar a conocer principalmente entre escolares el valor que tienen las zonas verdes urbanas, que no son solo zonas de paso y paseo, de ejercicio físico, sino también reductos de biodiversidad donde la vida se relaja y nos relaja, donde se vive al ritmo del resto de los seres vivos. Conocer y reconocer este valor es el primer paso para proteger unos parques y jardines que para Aver Aves no son solo adornos verdes de las ciudades, sino que tienen tanto o más valor que un parque nacional o una reserva natural a cincuenta, cuatrocientos o mil kilómetros de ellos.

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