Preparando cosas muy grandes

Ayer mismo terminamos de preparar una ruta por Rascafría. Como en todas, antes de ir con cada grupo chequeamos el terreno para comprobar que los senderos están abiertos, situar los mejores puntos de observación e identificación de aves y calcular distancias y niveles de dificultad. Todo preparado, para esta ruta por Rascafría y para las siguientes de octubre por el Madrid musulmán, en dos recorridos para buscar las aves que quedan de las zonas donde se asentó el primer núcleo árabe y posteriormente el mudéjar. Entre todas estas rutas hemos dado con el ave más grande y la más pequeña de Europa y con el animal más veloz del mundo; para empezar a lo grande.

Silueta de un buitre leonado recortada sobre los escarpes de las Cascadas del Purgatorio

Pero si nos tenemos que quedar con un momento de los vividos ayer en el chequeo de la ruta de Rascafría para la ONG ClientEarth es cuando, entre los prados cercanos al pueblo nos sobrevoló una cigüeña negra. Lógicamente, la que más entusiasmo mostró fue nuestra querida mascota Cigu, que no en vano es de la misma especie. Hacía mucho que no nos topábamos con la cigüeña negra por Madrid, por lo que fue motivo de regocijo notable.

Este momento lo vivimos nada más empezar la ruta de prospección. A continuación el protagonista pasó a ser el mirlo acuático, cada vez más presente en el tramo del río Lozoya y el arroyo de la Angostura que frecuentamos. Lo vimos en vuelo, posado, bañándose, pescando, comiendo, escondiéndose… Todo un repertorio, el ofrecido por esta simpática especie y por las lavanderas cascadeña y blanca que le acompañaban, amén de la presencia fugaz de una garza real.

Pusimos rumbo a la Cascadas del Purgatorio, lugar donde nace otro afluente del Lozoya, el arroyo del Aguilón o Navahondilla. A medida que nos acercábamos, entre pinares de pino silvestre y robledales de melojo, tomaban posiciones las aves forestales, de los diminutos reyezuelos listados (el ave más pequeña de Europa junto a su “primo” el reyezuelo sencillo) y herrerillos capuchinos a los más notorios gavilanes comunes y arrendajos euroasiáticos.

Mirlo acuático en una de las rocas del lecho del río Lozoya

Al alcanzar los escarpes que flanquean las cascadas se hizo más evidente la presencia de buitres leonados, buitres negros (el ave de mayor envergadura alar de Europa) y cuervos grandes. Echamos en falta al águila real y al búho real, pero ambos son más reacios a dejarse ver cuando en las cascadas hay una mayor presencia de gente, mucho menos que un día de fin de semana, pero presencia humana constante al fin y al cabo.

Todo preparado pues para una ruta por esta zona, y para dos rutas por el Madrid urbano más antiguo. Este año, a la tradicional HistoriAves que montamos por lo que fue Mayrit, el núcleo habitado más antiguo de la ciudad fundado por el Emir Mohammed I de Córdoba en torno al año 860, añadimos un segundo HistoriAves por el Madrid mudéjar, la zona que ocuparon los árabes tras la conquista cristiana de Madrid por parte de Alfonso VI, allá por 1.085.

En el primer caso volveremos a pasear por zonas verdes como los jardines de Larra, de la Plaza de Oriente y de Lepanto y los parques Emir Mohammed I, Cuesta de la Vega y Campo del Moro. Como testimonio de la avifauna de hace mil cien años, daremos con alguna vasija musulmana con dibujos de palomas. Por cierto, en este recorrido es fácil ver a las tres palomas peninsulares: doméstica o bravía, zurita y torcaz. Unos que también hacen las delicias del recorrido son los petirrojos del Campo del Moro.

Paloma torcaz sobre un cedro de los jardines de Las Vistillas

En cuanto a la ruta HistoriAves por el Madrid mudéjar decir que en el correspondiente chequeo previo acabamos viendo al animal más veloz del mundo, que no es otro que el halcón peregrino. Eso sí, ya en las inmediaciones de Madrid Río, que es el parque donde concluirá este paseo. Antes habrá oportunidad de conocer otras zonas verdes, como los jardines del Príncipe de Anglona y de Las Vistillas y el parque de Atenas.

De nuevo, mirlos, gorriones, carboneros, picos picapinos y jilgueros compartirán protagonismo con los restos del Madrid árabe y medieval, en plena sintonía entre la naturaleza urbana y la historia de nuestra ciudad, demostrando que ambas se complementan y que, por lo tanto, el conocimiento, respeto y conservación de ambas es prioritario.

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